Tristemente, nos damos cuenta que la vida no se detiene en su caminar y que en verdad no vale la pena sufrir por algo que quizás ya no tiene solución. Las personas somos muy emotivas, somos sentimientos; Muchas veces nos tildan de hierro porque podemos parecer insensibles, pero lo cierto es que detrás de esa coraza, la cual es producto de las circunstancias y situaciones vividas, existe un corazón lleno de amor que dar y esperando ser amadas. Cuando amamos y nos entregamos lo hacemos con todo nuestro ser. Por eso sufrimos más una decepción amorosa, tardamos en reponernos de una pérdida familiar o amorosa.
Es muy difícil entender a veces el porqué de las cosas. Y comenzamos una búsqueda de respuestas para manejar nuestras emociones y sentimientos. Necesitamos entender lo que antes era y que ahora no es. Hay situaciones que no están a nuestro alcance o simplemente en las que no tuvimos nada que ver, pero no por eso dejan de dolernos. No podemos ir por la vida llorando a cada rato. Aunque el llorar nos hace bien y limpia el alma, la vida sigue su paso. Ella no detiene su marcha, camina muy rápido, dejándonos sin aliento…
No podemos gastar nuestras energías en cosas vanas… lo que no tiene remedio, pues no tiene remedio; existen otras cosas que merecen nuestra atención y de las cuales nos estamos olvidando.
Es hora de reconstruir los pedacitos de nuestra vida. Es tiempo de opacar la tristeza con alegrías,
que nos pintemos la existencia de colores y que le pongamos un poco de picardía y sazón a nuestra vida. Será más fácil para sobrellevar las penas. Quizás algún día entenderemos lo ahora no podemos entender. Ahora es tiempo de enfocarnos en cómo deseamos que sea nuestro futuro y echarle muchas ganas. La vida es una y hay que saberla vivir.




















































































